Una de las peores maneras de ser derrotado es la que terminó sufriendo Racing en Rosario frente a Boca por la Copa Argentina.
Racing podía perder frente a Boca porque viene de una mala campaña y además carece de un plantel de la jerarquía del rival de turno, pero a los veinte minutos del segundo tiempo iba ganando 2 a 0 y Vojvoda comienza a desarmar el medio campo con cuatro cambios inentendibles e indefendibles en diez minutos, el mismo tiempo que Valencia utilizó para empatar el partido.
Todo se desbordó en un Racing desordenado que deambulaba por la cancha si la necesaria picardía para por lo menos llegar a los penales, pero ya no tiene ni sentido caerle a un técnico que no sigue en el club, señal que dio después del partido al suspender la conferencia de prensa porque creo que esta vez se sentía al igual que su equipo después de sus erráticos cambios, alguien sin respuestas.
Tratando de dejar atrás este día triste y negro para la historia de Racing, pienso que lo que está sucediendo es de un tinte más grave de lo que parece, porque la sensación que me da, es que hay mucha desorientación en lo futbolístico y eso se transmite desde la CD hasta el plantel, hoy por hoy resquebrajado, frágil anímicamente y ganado por el desánimo.
El equipo carece de jugadores que sepan superponerse a los momentos negativos, los nunca se dan por vencido y contagien al resto esas ganas de superación y si alguno piensa en Marcos Rojo, lo acepto, sería ideal, pero debo confesar que lo noto como que si bien quiere serlo no lo siente del todo, porque a veces hay que decir las cosas a viva voz, le duela a quien le duela y su continuidad siempre está en duda.
Racing no debe soslayar las seis fechas que faltan jugar, porque el año próximo va a ser más crítico y más duro si se juega con la mochila de arrancar en los puestos de abajo, por lo tanto la elección del próximo técnico es una encrucijada, sobre todo para Diego Milito, ya que puede convertirse en un suceso favorable o en su peor catástrofe.
Vamos Racing Carajo!
Hasta pronto.