domingo, 1 de agosto de 2021

Con un juego negativo se puede lograr un resultado positivo.

El dolor volvió a golpear a Lisandro López y su familia, situación que seguramente afectó el ánimo del plantel y de todos los hinchas de Racing por este año tan difícil que le toca vivir a nuestro capitán.  

Y la falta de “Licha” por cierto se notó, porque Racing dentro del campo, volvió a ser un equipo sin conducción, predecible, con más dudas que certezas que derivó en un desenlace tan aburrido llegando a ser tedioso, hasta que de pronto nos despertó  la jugada individual de Benjamín Garré, al convertir un golazo, como se dice, de otro partido.

Y este Racing de Pizzi que no deja de sorprendernos, parece demostramos que existe un principio de  contradicción: con un juego negativo se puede lograr un resultado positivo.

Obviamente que como hincha prefiero que Racing gane, aun a contrapelo del razonamiento que expresa que jugando bien, hay más chance de ganar pero por ahora, este Racing de Pizzi, por momentos incomprensible, sin sobresalir en su juego, pelea la punta del torneo, se mantiene invicto y sostiene el cero en su arco.

Esto nace fundamentalmente por la solidez y seguridad que transmite Gabriel Arias y continua en el trabajo correcto de los centrales y de sus dos laterales pero el equipo cuenta con una zona de gran fragilidad y es la del medio campo, epicentro donde convergen y se fusionan las funciones defensivas y ofensivas, a la que hasta ahora Pizzi no le encontrado la vuelta, por eso aun teniendo más tiempo la posesión de la pelota, Racing para la ofensiva, depende más de un lateral como Mena, que de sus volantes, como pasó en el segundo tiempo donde el chileno se convirtió en el arma más importante, generando las dos más claras y mejores llegadas, ya que todo lo demás se diluyó en centros para un solitario Correa.

Pero estas subidas de Cáceres y Mena al mismo tiempo, exponen frecuentemente a Martínez y Domínguez y los obligan a jugar mano a mano con los atacantes rivales, ya que  ni Miranda y Moreno, mayormente erráticos, cumplen eficazmente la tarea de recuperación y relevos.

Piatti, que es quien podía darle algún viso de claridad a la jugada, deambuló sin encontrar su posición y abusó de tener la pelota y no resolvió rápido, perdiéndola muchas veces, algo similar a lo que le está pasando a Chancalay, que desde que se reanudó el torneo parece haber perdido confianza bajando considerablemente su nivel.

Copetti instalado en la derecha, dependía mucho de la subida de Cáceres para cerrarse y posicionarse en el área, pero el marcador de punta demoraba en realizar ese movimiento y entonces finalizaba encerrado sobre la derecha, cuando en realidad debería estar entre los centrales para imponer por lo menos su condición física para pelearle a sus marcadores en lugar de Javier Correa, quien en esa tarea perdió casi siempre.

Después los cambios, Lovera que cuenta con una increíble habilidad, parece vivir embarullado y pierde físicamente al menor roce, Fabricio Domínguez, no pudo imponer sus virtudes y Cvitanich, creo que se diluye cuando baja a la zona de volantes.

Pero apareció el “Angel” que trajo el milagro del triunfo a través de un formidable remate, para mejorar nuestro estado de ánimo a una semana del clásico, el partido que esperamos, el que nos cambia la vida diaria.

Sabemos que la presencia de Lisandro López nos garantiza que Racing sabrá jugarlo, por lo que esperamos un nuevo triunfo que nos permita seguir disfrutando de esta supremacía albiceleste.

Hasta pronto.

 

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