domingo, 26 de julio de 2015

Pareciera que Racing está dejando de creer en sí mismo.


Seguramente no debe de haber una sola causa que como consecuencia haya desencadenado este claro bajón futbolístico, en un equipo que hasta el partido con Vélez contaba con argumentos sólidos, porque se lo veía bastante seguro y convencido de lo que hacía en el campo de juego, obviamente sin llegar a parecerse al campeón del 2014.
Pero respetuosamente digo que algo tiene que haber pasado para que esa fe y esa confianza que se reflejaba en el estado de ánimo haya prácticamente desaparecido de este plantel desde que se reanudó el torneo.
No sé si serán los distintos cambios que propone el técnico o alguna otra deficiencia o qué diablos pasa, pero yo veo que, tanto en el juego aun estando en ventaja -ni que hablar de cuando está debajo en el marcador- y en lo anímico, existe una importante falta de convicción, la que no le permite desenvolverse con seguridad durante el encuentro.
Pareciera que Racing está dejando de creer en sí mismo y eso puede ser grave porque lo que se logró con mucho esfuerzo, se puede perder todo en poco tiempo.
Respecto del partido de hoy y al margen del mal arbitraje de Beligoy, Racing debió aprovechar el momento en que consiguió el gol para rematarlo, ante un rival que venía muy golpeado, pero no mostró esa determinación y esa firmeza para ir a buscarlo y en la segunda etapa dejó ver su peor imagen.
En muchos momentos se pudo observar a un Racing desarmado, que se iba quebrando a medida que pasaban los minutos, sobre todo a partir del segundo gol cervecero, pero ya el desorden se había apoderado del equipo antes de ese gol de penal, cuando Quilmes comenzó a tocar y hacer circular la pelota.
Muy pálida actuación de Racing donde su medio campo fue un fracaso lo que hace que la línea de fondo ya no tenga aquella gran solidez, mientras Camacho que apareció bien en el gol insinúa en todos sus arranques pero concreta poco o nada y arriba ha desparecido aquel entendimiento de esta dupla que hasta parece haber perdido la potencia y la determinación que exhibía seis meses atrás.
Respetuosamente, un párrafo sobre Gustavo Bou.
Lo veo como disperso, muy tibio, saliendo mucho del área y salvo un par de desbordes, solo tirando centros, sin el coraje y la pujanza de aquel Bou que se llevaba a la rastra a sus marcadores y le pegaba al arco con fe, el Bou que todos aplaudimos a rabiar, el Bou que queremos que se quede.
Hace dos semanas escribí que, quizás le esté jugando una mala pasada la incertidumbre sobre su  pase al exterior y esto lo lleve a no estar bien concentrado e incluso a no arriesgar más físicamente, algo normal cuando alguien tiene la gran oportunidad de su vida.
Por eso como hincha no lo culpo, además posiblemente solo sea una presunción mía.
Pero no todo pasa por Gustavo Bou, porque el frágil andamiaje que hoy presenta este equipo va más allá de su presente y mi suposición, por lo que posiblemente han sido varios los factores  que le han hecho perder un poco el rumbo a nuestra querida Academia, el que espero pueda reencontrarlo a la brevedad.
Hasta pronto.